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El Obispo se preguntaba cómo ayudar a recuperar la alegría y el aliento de los presbíteros que están cansados para salir con fuerza a la misión. Entonces recurrió a las palabras del Papa Francisco en la Visita Ad límina de marzo para responder que es un trabajo común: “El Obispo no está solo; Es una tarea que solo unidos unos con otros podremos acometer”. En definitiva se trata de dar un impulso a la eficacia evangelizadora de la Diócesis, y en particular la de cada sacerdote.

Poniendo el acento en la obra del Espíritu Santo – “recordemos nuestra historia, y no olvidemos que la gracia nunca se extingue, sino que el Espíritu sigue obrando en la hora actual” – mons. López Llorente indicaba tres campos de la misión de los sacerdotes. El primero es el anuncio del Evangelio a todos, con humildad y paciencia, buscando nuevos caminos y con una vida coherente. En segundo lugar está la administración de los sacramentos, en particular el de la Eucaristía y la penitencia, facilitando lo más posible a los fieles que se acerquen. Y por último, el servicio a los afligidos: “Ayudad a crecer, buscad las ovejas desorientadas”.

 

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