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Nuestro Párroco, D. Nuno Vieira, iniciaba esta Solemnidad pronunciando el Pregón de Navidad en las puertas de la Iglesia. Posteriormente, emprendía el recorrido por el pasillo central con el Niño Jesús brazo en alto, para cobijarlo en el Belén que estaba preparado en el altar, entre María, José y un pastorcito, que estaban representados por niños de la parroquia.

Durante el transcurso de la Eucaristía pudimos escuchar las nuevas canciones que el coro infantil nos presentaron y que alegraron a los feligreses en esta emotiva celebración, en la que sobre todo, festejábamos que la Segunda Persona de la Santísima Trinidad se hacía hombre en el seno de María, y venía al mundo para traernos la Luz.

Según dice el Evangelio, “los suyos no lo reconocieron”, y hoy, también en nuestros tiempos, siguen muchos sin reconocerlo. «¡Que falta hace al mundo conocer el mensaje de Jesús para que el mundo sea diferente de lo que es!» profería D. Nuno, y añadía, «Si conociera de verdad el mundo lo que nos enseña el Señor, sería todo diferente, no habría grandes problemas, más que aquellos que por lo normal van surgiendo en la vida, porque el mensaje de Jesús es de amor para todos».

Y así, si imponemos por encima de los intereses personales, el Amor, las obras de este amor, que son las de aquel que es el Señor de todo, el mundo será diferente, pues, será un mundo de acuerdo con la voluntad de Dios. Por eso cada año, la Iglesia recuerda el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, que vino al mundo para traernos la Luz. Una Luz, que debe brillar en nuestra vida, en nuestras casas, en nuestras familias, en nuestros trabajos…, de forma que aquel que nos viene hablando de amor, nos contagie de ese mismo amor para que seamos ya felices en este mundo, y después, poder disfrutar de la vida eterna.

En una noche donde no faltó ni el “Gallo de Carda, nuestro sacerdote finalizaba con la tradicional rifa de Belenes y dando a besar la imagen del Niño Jesús, deseando Paz y Amor en todos los hogares.

 

 

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